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Sí, la inteligencia depende tanto de factores genéticos como ambientales

Nos habéis preguntado por la inteligencia y los factores que la determinan. Entre otras cosas, habéis incidido en si esta depende o no de la genética y hasta qué punto es así.
Lo cierto es que la inteligencia de una persona, descrita como la capacidad general que los humanos usamos para integrar distintas funciones psicológicas (percepción, atención, memoria, aprendizaje, razonamiento o la resolución de problemas), depende tanto de los factores genéticos como de los no genéticos, según explica a Maldita Ciencia Roberto Colom, profesor de Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid y miembro la International Society for Intelligence Research.
"El impacto de esos dos tipos de factores cambia durante el ciclo de la vida: las diferencias genéticas contribuyen menos a las diferencias de inteligencia en la infancia (aproximadamente un 40%) que en la edad adulta (un 80%)", indica Colom. "Esas estimaciones no son algo estático puesto que pueden cambiar también según las circunstancias; por ejemplo, en países con mayor o menor desigualdad social", añade. Este estudio resume lo comentado por el experto, sobre el impacto de esos factores.
"Los estudios e investigaciones que se han hecho para tratar de conocer cuánta inteligencia heredamos de nuestros progenitores han dado resultados dispares", explica en este artículo de la revista Investigación y Ciencia Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia y en la facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona.
El experto añade que los estudios más rigurosos no atribuyen a la herencia biológica más de un 40%. "Eso es importante, pues nos dice que más de la mitad de la inteligencia que tenemos tiene que ver con causas controlables, como la educación, la alimentación y el ambiente en el que vivimos", resalta.
¿Cómo sabemos que la genética influye en la inteligencia? Morgado lo explica: la clave se encuentra en la corteza prefrontal, la parte más evolucionada del cerebro, de la que depende la memoria de trabajo y cuyo grosor, en buena medida, heredamos. Pero, como cuenta el experto, esta puede aumentar si las personas practican con frecuencia actividades como jugar al ajedrez o resolver problemas matemáticos (que implican el uso de la memoria de trabajo).
"Por tanto, si ese tipo de actividad intelectual mejora el funcionamiento ordinario de la corteza prefrontal y esa mejora incrementa a su vez la inteligencia, cualquier persona tiene la posibilidad de aumentar la que hereda realizando con frecuencia prácticas como las mencionadas", relaciona Morgado. 
A pesar de que, como hemos podido comprobar, es cierto de que la inteligencia está en parte condicionada por la genética, no hay evidencias científicas que demuestren que esta dependa en mayor medida de la heredada de la madre que la del padre, como también nos habéis preguntado y se ha publicado en diferentes medios. "Desconozco que haya evidencia que apoye esa declaración, pero considero que es altamente improbable", opina Colom. Puedes leer más información sobre el tema en este reportaje de Emily Willingham.

Amarantha Vázquez miércoles, 26 de febrero de 2020
Niños que dicen mentiras: actividades para evitarlas en la escuela

Las primeras mentiras aparecen en el paso de la Etapa Infantil a la Primaria. Es un momento de profundos cambios cognitivos y sociales en el que los niños se enfrentan a nuevas formas de pensar, sus intereses cambian y se amplían considerablemente los círculos sociales.
Así, se relacionan con personas que presentan nuevos roles (profesores especialistas, entrenadores, psicólogos, compañeros en los extraescolares, etcétera) y viven un entorno más amplio. A su vez, disponen de más recursos y madurez para atender el mundo que les rodean.

¿Por qué mienten?

Las razones que motivan las primeras mentiras en los niños son las que se irán dando más adelante, de adolescentes e incluso adultos: Por un lado, la necesidad de aceptación y reconocimiento por parte de los padres, los profesores o los compañeros; y, por otro lado, las ganas de disfrutar de la atención de los mismos colectivos.
Por esto, la forma más efectiva y positiva de acabar con las mentiras en la escuela y la familia es mostrar a nuestros alumnos que, pese a todo (pese a que a veces se equivoque, mienta, haga cosas mal, se enfade, tenga mal humor, rompa cosas, etcétera), lo queremos tal cómo es y valoramos por encima de todo que pertenezca a nuestra clase o familia.
Las actividades que te propongo a continuación buscan destacar las cualidades de los alumnos, reforzar la imagen que tienen de sí mismos y conseguir la reflexión sobre las propias emociones. Pueden utilizarse a partir de los 6 años e irse adaptando a los diferentes niveles educativos. ¡Comencemos!

El espejo

Pide a los alumnos que se coloquen por parejas y el uno delante del otro. Toma esta pequeña lista de preguntas y léela en voz alta:
-¿Qué es lo primero que veo cuando miro a mi compañero?
-¿Cuál es la mejor cualidad de la persona que tengo delante?
-¿Qué es lo que más me gusta de mi compañero?
-¿Qué contaría un espejo sobre mi compañero?
-¿Cómo me siento cuando estoy con él?
-¿Qué cosas hace bien mi amigo?
-¿Qué podría enseñarme?
-De las cosas que hace bien, ¿qué me gustaría que me enseñase?
Da algunos minutos a tus alumnos para que respondan a las preguntas y tomen nota de sus respuestas o lo digan en voz alta si todavía no tienen soltura con la escritura. Es importante que la premisa sea siempre la misma: “Esta vez hablaremos solo de las cosas buenas de nuestros amigos, porque de las malas se suele hablar más a menudo.”
Es bueno reagrupar las parejas y pedir a compañeros distintos que repitan el mismo ejercicio. De esta manera, observaremos pensamientos repetidos o percepciones distintas. Es una actividad muy sencilla, pero nos hace de espejo para comprender cómo nos ven quiénes nos rodean ya que, por lo general, solemos tenemos una imagen bastante distorsionada de nosotros mismos.

¿Cómo te sientes cuando…?

Escribe en la pizarra las siguientes palabras: “alegre”, “asustado”, “triste”, “avergonzado” y “querido”. Pide a tus alumnos que cierren los ojos y formúlales la siguiente pregunta en voz alta: ¿Cómo te sientes cuando dices una mentira?
Su vista irá directamente a la emoción con la que más identificados se sientan. Diles que vuelvan a cerrar los ojos y piensen la última mentira que pronunciaron. Para relajar el ambiente, explícales alguna anécdota tuya, alguna ocasión en que mentiste.
Dales un folio en blanco y recítales, por pasos, las siguientes instrucciones:
1. “Dibuja cómo te sentiste al mentir en esa ocasión. Piensa bien qué colores utilizarás y qué forma tendrá tu sentimiento”.
2. “Escribe en mayúsculas una palabra que explique lo que sentiste en esa ocasión.”
3. “Si tu mentira fuese un animal, ¿cuál sería? Dibújalo”.
Da paso a la reflexión. Estas preguntas te ayudarán a guiar la tarea: ¿Cómo nos sentimos cuando mentimos?, ¿y cuando decimos mentiras?, ¿nuestras emociones son positivas a negativas?, ¿por qué mentimos?, ¿qué consecuencias tienen estas mentiras en nosotros mismos y en los demás?
Haz un último ejercicio: Diles que piensen qué pueden hacer en lugar de mentir, qué recursos para enfrentarse a esos momentos en que se ven tentados a decir una mentira. Ayúdales a confeccionar una lista con todas las ideas recogidas.
Para acabar, me gustaría que atendieses a estos 3 puntos para poner fin a las mentiras de los niños. ¡Allá vamos!
1. Sé sincero. Sí, tú. Sé el primero en dar ejemplo.
2. Muéstrales por qué motivos es importante ser sinceros y cómo te sientes cuando te sientes engañado.
3. Hazles reflexionar sobre sus propias emociones: ¿cómo se han sentido?
4. No fomentes el miedo con castigos o etiquetas, ¡mejor premia y destaca las cualidades positivas!
Por Rocío López Valdepeñas es maestra especialista en innovación educativa y emprendimiento.

Amarantha Vázquez
Abuso infantil: lo que todo padre y toda madre deben saber


Casi todas las madres y los padres pueden señalar incidentes en los que no llenaron sus expectativas como padres; quizá un momento de frustración en el que creyeron que se portaron un tanto abusadores con sus hijos, cuando -al analizar en retrospectiva- realmente no lo fueron. De hecho, la mayoría de padres nunca adoptará conductas de abuso infantil y la mayoría de niños nunca será objeto de abuso.
Por definición, el abuso infantil incluye una serie de formas de maltrato grave, que abarca abuso físico, descuido físico, abuso verbal, abuso emocional y abuso sexual. Algunos infortunados niños experimentan varios tipos de abuso. Por ejemplo, un niño que experimenta repetidos episodios de abuso emocional podría también resultar víctima de violencia física ocasional e intencional. El abuso físico grave (aún si se trata solamente de un estallido muy eventual de padres abrumados con ira fuera de control) puede ocasionar daño permanente en los niños y, en algunos casos, la muerte.
El descuido por parte de los padres (cuando un niño recibe poca o ninguna supervisión en o alrededor de su casa, por ejemplo) puede tener consecuencias trágicas, en caso de ocurrir lesiones. Aún cuando esto no represente una amenaza inmediata a la seguridad de un niño, el descuido prolongado o repetitivo (en el que no se satisfacen las necesidades básicas del menor en cuanto a vestuario, nutrición, atención médica, educación, refugio y crianza) puede tener consecuencias adversas de tipo físico, social, emocional y propias del desarrollo.
La cantidad de casos de abuso infantil está aumentando, con un incremento drástico de denuncias de abuso ante las agencias de protección de menores en años recientes. De acuerdo con un estudio, solo en 1985 hubo tres denuncias de abuso infantil por cada cien niños en los Estados Unidos. Con problemas sociales de drogas y alcohol tan graves y con un crecimiento en la cantidad de menores en condición de pobreza, la incidencia del abuso infantil es probable que continúe aumentando.
La mayoría de abusadores son miembros de la familia del menor; si no es uno de los padres, entonces es un pariente cercano (tal como un tío o un hermano o hermana mayor) o un integrante del hogar. Y una serie de factores pueden contribuir al abuso que hagan de los menores. Las presiones en la familia, tanto interna como externa, pueden tener impacto. Cuando los padres sienten tensiones de tipo financiero, estrés por trabajo o tienen problemas maritales, su ira y frustración puede predisponerlos a golpear a sus hijos. En ciertos momentos del día, quizá cuando inicia la noche luego de un arduo día en el trabajo, a los padres puede costarles controlar sus temperamentos cuando los chicos se comportan mal o simplemente ponen a prueba su paciencia. Aquellos padres que se aíslan socialmente y que no tienen fuentes adecuadas de apoyo emocional ni nadie que les ayude en las tareas y responsabilidades diarias tienen más probabilidad de perder el control y abusar de sus hijos.
El uso de alcohol y de otras drogas por parte de los padres constituye a menudo un factor contribuyente al abuso infantil. Por medio de reducir las inhibiciones, el consumo de alcohol con frecuencia permite que la ira explote en un padre o madre que se ve confrontado/a por el mal comportamiento de su hijo. Algunas drogas, como las anfetaminas, pueden aumentar la agitación y, de este modo, pueden contribuir a una situación abusiva en el hogar. Los niños víctimas de abuso son algunas veces aquellos que tienen problemas de aprendizaje o de comportamiento, condiciones que por sí solas colocan más estrés sobre la familia y crean más conflicto dentro de la misma.

Abuso físico

Aquellos padres que fueron víctimas de abuso cuando niños o que sufrieron o sufren intimidación verbal y física por parte de adultos en su entorno, a menudo recurren a medios similares cuando disciplinan a sus propios hijos.
El uso de la fuerza, especialmente de la violencia hacia otras personas, es un comportamiento aprendido de los padres y que se provoca a los hijos. Y cuando existen tensiones en la vida -desde pobreza, pasando por enfermedades hasta alcoholismo- esto puede incrementar el riesgo de abuso. Algunos niños víctimas de abuso viven en familias repletas de violencia doméstica, en donde las parejas sostienen batallas físicas y con frecuencia las esposas resultan agredidas.
Si sospecha que un niño a quien conoce sufre abuso (quizá una sobrina o un sobrino, un niño del vecindario o un compañero de clase de su hijo), usted tiene la responsabilidad de involucrarse. Los maestros son a menudo los primeros en observar los cambios en la apariencia física de un niño, su condición emocional y comportamiento, cambios que sugieren que se le está lastimando o se encuentra en problemas. En muchos estados, los maestros (así como médicos, dentistas y otros profesionales) están legalmente obligados a denunciar los casos de abuso de los que tengan sospecha, y por una buena razón: Cada año, mueren niños por abuso, con frecuencia después de que alguien se dio cuenta de que estaban siendo víctimas.
Use el sentido común en tratar de determinar si un niño efectivamente está siendo víctima de abuso físico. Por ejemplo, los niños normales y activos presentan algunos moretones y golpes que se originan del juego cotidiano. Sin embargo, estos moretones tienden a ocurrir sobre áreas que recubren huesos, tales como rodillas, codos y barbilla. Si usted ve a un niño que presenta lesiones en otras partes del cuerpo (el estómago, las mejillas, las orejas, las nalgas, la boca o los muslos) esto debería hacerle entrar en sospecha. Los ojos amoratados, marcas de mordidas humanas y quemaduras en forma redonda de colillas de cigarro no constituyen síntomas del juego cotidiano.
En la inmensa mayoría de casos de abuso infantil, los padres no pretenden conscientemente lesionar a sus hijos. La mayoría de episodios de abuso surgen cuando los adultos tienen dificultad para lidiar con situaciones de la vida y pierden el control. Sin embargo, aún si sus intenciones no son maliciosas, un padre que abusa de un niño puede volverlo a hacer, especialmente si no maneja las tensiones que originan su conducta. Como resultado de ello, la sociedad a menudo tiene que intervenir con el fin de proteger al niño y ayudar a la familia.
Cuando las agencias sociales y de aplicación de la ley investigan un caso, las oficinas de servicio social de la localidad pueden instituir varias formas de servicios y tratamiento para ayudar a la familia. Sin embargo, la seguridad y protección del niño constituyen la primera prioridad, y en consecuencia a los niños se les retira algunas veces de su familia y se les coloca en un hogar de crianza temporal, por lo menos provisionalmente. Al mismo tiempo, se hacen esfuerzos por trabajar con los padres para abordar los problemas de origen y enseñarles a lidiar con destrezas para garantizar que no se repitan los episodios de abuso. Si ha abusado de su propio hijo o siente que pueda ocurrir tal comportamiento, hable con una persona de confianza, tal como un médico o un religioso. Esa persona puede remitirlo a un profesional o a una agencia donde pueda obtener ayuda, que incluye asistencia en abordar sus propios temores y culpa.
Tanto padres como hijos pueden beneficiarse de alguna guía y orientación, individualmente o en conjunto, quizá en albergues por violencia doméstica que puedan ayudar a romper el ciclo. Se le guiará para que lidie con sus emociones sin tener que recurrir a la violencia. Tendrá la oportunidad de conversar sobre sus propias experiencias como padre y las tensiones que enfrenta actualmente en su vida. Se le mostrarán formas de lidiar eficazmente con las tensiones, de modo que no llegue a lesionar a su hijo. Usted tiene la responsabilidad ante su hijo y ante usted mismo de encontrar formas de relacionarse en casa que no sean violentas, todos los días.
Si siente que se encuentra pasando por una crisis, llame a su congregación local de Parents Anonymous o a una línea directa de ayuda en casos de crisis, que puedan proporcionarle alguna clase de apoyo inmediato. A partir de entonces, debería iniciar el proceso de tratamiento más formal.
Finalmente, podría también involucrarse para ayudar a reducir la incidencia del abuso infantil en su comunidad en general. Puede volverse defensor de un entorno considerado y respetuoso para todos los niños. En verdad, algunos segmentos de la sociedad aún aprueban el castigo físico y hasta un comportamiento abiertamente abusador hacia los niños, pero este enfoque está equivocado. Puede trabajar con las escuelas locales para eliminar el castigo físico, así como promover y enseñan formas constructivas de abordar la ira y el conflicto.

Abuso emocional

No todo el abuso es de tipo físico. Descuidar las necesidades de su hijo en cuanto a apoyo emocional, amor y cuidado también constituyen formas de abuso. El abuso emocional es una de las formas más profundas y dañinas de abuso infantil. Denigrar, ridiculizar, poner apodos y ser irrespetuoso e irrazonablemente crítico hacia su hijo puede tener serias consecuencias emocionales y repercusiones a largo plazo. Como las formas más violentas de abuso, el abuso emocional puede perjudicar la imagen que tenga su hijo de sí mismo y su autoestima, e interferir con su habilidad de funcionar bien en la sociedad. Es posible que su hijo tenga dificultad para hacer amistades y relacionarse con compañeros de su edad. De hecho, es posible que evite participar en actividades con otros niños y estar en situaciones en las que se le solicite dar y recibir afecto. En lugar de ello, puede que esté predispuesto a ser agresivo y reacio. También podría desarrollar dificultades de aprendizaje o hiperactividad, o bien, tener problemas como mojar la cama. O podría actuar con “pseudo madurez”, al convertirse en un niño encargado de cuidar adultos y adoptar otros roles muy alejados a lo que se considera apropiado para su edad y desarrollo.
Cuando se produce este abuso emocional, especialmente por un período de tiempo prolongado y de forma repetitiva, puede tener un impacto de por vida que afecte la felicidad, las relaciones y el éxito de su hijo. Es posible que se vuelva un muchacho sombrío, incapaz de disfrutar de sí mismo y predispuesto a comportamientos contraproducentes. Llevado al extremo, puede convertirse en autodestructivo, participando en prácticas de automutilación y hasta intentar cometer suicidio.
Como con otros tipos de abuso, son los padres quienes a menudo causan el abuso emocional, pues ellos mismos fueron criados en un entorno en donde experimentaron maltrato emocional por parte de sus propias madres y padres. El hecho de que se les haga conciencia de la forma en que están tratando a sus hijos constituye un importante primer paso para que estos padres les pongan un alto a su comportamiento abusador. A menudo no están conscientes de que su comportamiento es dañino; si hubieran sabido lo que estaban haciendo y fueran más sensibles al dolor de su hijo, probablemente hubieran deseado hacer algo para detener tal comportamiento.
Visitar a un médico o a un religioso es una buena forma de comenzar a buscar ayuda para el abuso emocional. Es posible que se le remita a un profesional en salud mental o a organizaciones comunitarias o iglesias que ofrezcan clases sobre crianza para padres que tengan como objetivo específicamente ayudarle a conversar con su hijo y a resolver problemas con él.

Signos de abuso físico

Estos indicadores pueden sugerir que un chico ha sido víctima de abuso físico:

  • El niño ha tenido lesiones en repetidas ocasiones que son inexplicables o inusuales.
  • Parece retraído, pasivo, deprimido y llora mucho.
  • Por el contrario, inusualmente se muestra agresivo, revoltoso en la clase o destructor con sus bienes personales y los de los demás. Lanza juguetes por toda la habitación o se vuelve violento en contra de una mascota.
  • Parece sumamente cansado y menciona que tiene problemas para conciliar el sueño y pesadillas frecuentes.
  • El niño parece verdaderamente temeroso de alguno de sus padres o de la persona que lo cuida.
  • Pasa mucho tiempo en el área de juego y parece vacilante para irse a casa luego de la escuela, como si tuviera temor de algo ahí.
  • Sus padres parecen aislados de otras madres y padres del vecindario, no participan en actividades de la escuela y es posible que tengan problemas de alcoholismo o abuso de drogas. Parecen preocupados con sus propias vidas a expensas de no otorgar el cuidado debido a sus hijos.
  • El padre/la madre no está dispuesto a hablar sobre las lesiones de su hijo o su ansiedad es muy notoria cuando lo hace.
Última actualización
 
5/9/2013
Fuente
 
Caring for Your School-Age Child: Ages 5 to 12 (Copyright © 2004 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.

Amarantha Vázquez viernes, 7 de febrero de 2020
10 Primeros síntomas de embarazo

Los primeros signos y síntomas de embarazo pueden surgir antes del retraso de la menstruación, pero pueden ser tan sutiles que solamente las mujeres que están muy atentas a su cuerpo o que están intentando quedar embarazadas pueden notarlo, porque la mayoría de las veces pasan desapercibidos. Los primeros síntomas a los que debe estar atenta son:

  1. Flujo vaginal rosado;
  2. Cólicos e hinchazón abdominal;
  3. Mamas sensibles e hinchadas;
  4. Cansancio fácil;
  5. Aversión a olores fuertes;
  6. Variaciones de humor;
  7. Náuseas, vómitos o salivación excesiva; 
  8. Mareos, sueño y dolor de cabeza;
  9. Aumento de las ganas de orinar;
  10. Espinillas y piel grasosa.
Sin embargo, estos síntomas deben ser tomados en cuenta, especialmente después de que ocurre el retraso menstrual, porque también pueden ser confundidos con el Síndrome premenstrual.

Cómo saber si estoy embarazada

La mejor forma de confirmar si está embarazada o no es realizando una prueba de embarazo, la de farmacia puede realizarse en casa a partir del 1º día que presenta retraso de la menstruación y, la de sangre puede realizarse 10 días después de haber tenido relaciones sexuales dentro del período fértil.

Existen otras causas de retraso menstrual que son comunes además de un embarazo como por ejemplo: estrés, alteraciones hormonales o las pastillas anticonceptivas de uso continuo. 

Síntomas de embarazo a los 7 días

Los primeros síntomas de embarazo típicos durante la primera semana son los más difíciles de identificar, sin embargo, algunas mujeres logran percibir pequeñas diferencias en su cuerpo, estas son:

1. Flujo vaginal de color rosado

Cuando el óvulo es fecundado, puede haber una leve descarga de flujo de color rosado, que es en realidad la descarga normal que la mujer presenta (exceso de mucosidad vaginal) con rastros de sangre causado por la entrada del espermatozoide en el óvulo y su desplazamiento hacia el útero. Esta descarga puede aparecer unos minutos después de la relación o hasta 3 días después del contacto íntimo, período de vida del espermatozoide dentro del cuerpo femenino. A veces, esta descarga sólo se observa cuando la mujer se limpia después de orinar.

2. Cólicos y dolor abdominal

Con el óvulo fecundado existe un aumento del flujo sanguíneo en el área pélvica y, las hormonas femeninas entran en acción para preservar el embrión y continuar con el embarazo. Esto puede causar algunas molestias abdominales que pueden ser reconocidos como cólicos menstruales de intensidad débil a  media. Asimismo, la mujer todavía puede tener una pequeña pérdida de sangre, similar a la menstruación, pero en menor cantidad.
La inflamación del vientre también es uno de los primeros síntomas de embarazo y es causado por las intensas alteraciones pélvicas que se están produciendo, surgiendo con más frecuencia en los primeros 7 días a 2 semanas. El aumento del flujo sanguíneo y la adaptación al crecimiento uterino son los mayores causantes de esta leve hinchazón abdominal, que para algunas puede pasar desapercibido. Alrededor de las 7 semanas de gestación la parte inferior del ombligo comienza a endurecerse.
Los síntomas que empiezan a surgir alrededor de los 15 días de embarazo son algunos de los más típicos, pudiendo mantenerse durante varias semanas:

3. Senos sensibles e inflamados

En las dos primeras semanas de embarazo, la mujer puede notar que sus senos se vuelven más sensibles y esto es debido a la acción de las hormonas que estimulan las glándulas mamarias, preparándola para la lactancia materna. De esta forma, existe también un aumento en el volumen de las mamas, que comienza a tener las glándulas mamarias más desarrolladas para soportar las necesidades del bebé después del nacimiento. 
Además de esto, los pezones también pueden sufrir algunas alteraciones, quedando más sensibles e hinchados, y la areola puede ser más oscura de lo normal por el aumento de flujo sanguíneo en la región. Algunas mujeres pueden incluso sentir mucha incomodidad con el simple roce de la blusa o del sostén.

4. Cansancio fácil

El cansancio es uno de los síntomas más comunes del embarazo que puede estar presente durante toda la gestación, empezando a surgir alrededor de la segunda semana. Es normal que este cansancio vaya aumentando durante las primeras 12 semanas de embarazo, mientras que el cuerpo adapta todo su metabolismo para proporcionar la energía necesaria para el desarrollo del bebé.
Este tipo de cansancio es fácil de identificar cuando la mujer empieza a sentir que las tareas que hacía anteriormente se están volviendo muy exhaustivas, llegando al final del día sin energía o necesitando dormir más de 10 horas por noche para restablecer la energía que gastó.

5. Aversión a olores fuertes

Es muy común que al comienzo del embarazo la mujer tenga aversión a olores fuertes, aunque sean aparentemente agradables como perfume. La mayoría de las embarazadas pueden incluso vomitar después de sentir un olor fuerte como el de la gasolina, el cigarrillo o los productos de limpieza, por ejemplo.
Además de esto, como el olfato está alterado, algunas mujeres también pueden informar de que hay un cambio en el sabor de la comida, el cual se vuelve más intenso, produciendo náuseas.

6. Variaciones de humor

En las dos primeras semanas de embarazo, la mujer podrá notar algunas variaciones de humor, sin causa aparente. Es muy común que la embarazada llore por situaciones que no le harían llorar antes de estar embarazada, y este síntoma podría permanecer durante todo el embarazo.
Esto ocurre porque las fuertes alteraciones hormonales, normales del embarazo, pueden causar un desequilibrio en los niveles de los neurotransmisores, haciendo con que el humor sea más inestable.

Síntomas de embarazo primer mes

Después del primer mes de gestación, además del retraso en la menstruación, muchas mujeres empiezan a tener otros síntomas característicos como:

7. Náuseas, vómitos y salivación

Las náuseas y los vómitos son frecuentes por las mañanas, y estos son los síntomas más conocidos del embarazo, suelen aparecer después de la 6ª semana de gestación y pueden perdurar durante todo el embarazo. El aumento de la saliva puede permanecer durante todo el embarazo.

8. Mareos, sueño y dolor de cabeza

Los mareos y el sueño a deshora son síntomas de embarazo ocasionados por la caída de la presión arterial, la disminución de la glucosa en sangre y de la mala alimentación provocada fundamentalmente por las náuseas y los vómitos frecuentes. Estos síntomas aparecen en las primeras semanas de embarazo, pero tienden a disminuir a partir de la vigésima semana de gestación.
El dolor de cabeza también es común durante el embarazo debido a las alteraciones hormonales, normalmente es leve aunque persistente y muchas veces la mujeres pueden no asociarlo al embarazo. 

9. Aumento de las ganas de orinar

Con el avance del embarazo, el cuerpo de la embarazada necesita producir varias hormonas como la progesterona, para garantizar que el bebé se desarrolla de forma sana. Cuando esto ocurre, los músculos de la vejiga se relajan y, por lo tanto, es más difícil vaciar completamente la orina que está dentro de la vejiga, por lo que la mujer puede sentir más ganas de ir al baño a orinar que antes.

10. Espinillas y piel grasosa

Los cambios hormonales pueden conducir a la aparición o empeoramiento de puntos negros y espinillas, llamados científicamente acné, y es por esto que ya en las primeras semanas de embarazo la mujer puede notar la piel más grasosa, que puede ser controlada con el uso de productos de limpieza de la piel y con una higiene personal adecuada.

Cuándo se puede hacer la prueba de embarazo

La prueba de embarazo que se compra en la farmacia puede ser realizado en el primer día del retraso de la menstruación. Si el resultado da negativo puedes esperar 3 a 5 días más, y si la menstruación continua atrasada puede realizarse una nueva prueba de embarazo. Si el resultado todavía es negativo, se debe evaluar la posibilidad de hacer un examen de sangre ya que es más fidedigno y muestra la cantidad de la hormona Beta hCG que sólo es producida durante la gestación. Este examen puede indicar el resultado Positivo o Negativo e indicar cuántas semanas de gestación tiene:
  • 7 días después de la fertilización: hasta 25 mUI/mL
  • 4 semanas después de la Fecha de la Última Menstruación: 1.000 mUI/mL
  • 5 semanas después de la Fecha de la Última Menstruación: 3.000 mUI/mL
  • 6 semanas después de la Fecha de la Última Menstruación: 6.000 mUI/mL
  • 7 semanas después de la Fecha de la Última Menstruación: 20.000 mUI/mL
  • 8 a 10 después de la Fecha de la Última Menstruación: 100.000 mUI/mL
Sin embargo, si después de 10 días de retraso la prueba de embarazo sigue dando negativa, la mujer no debe estar embarazada, pero debe marcar una consulta con el ginecólogo para verificar la causa de su atraso menstrual.
En caso de embarazo psicológico todos estos síntomas pueden estar presentes y la única forma de comprobar que no existe ningún feto en desarrollo es a través de exámenes. Si la prueba dio negativa en 2 días diferentes y se desea mucho o al contrario se tiene miedo de quedar embarazada, estos síntomas pueden estar presentes.

Amarantha Vázquez
Acudir a la escuela infantil puede reforzar el sistema inmunitario de los más pequeños (aunque durante el primer año enfermen más)

Si hay algo de lo que podemos estar seguros si decidimos llevar a los pequeños de la casa a la escuela infantil es que estarán en contacto con otros niños y objetos y, por lo tanto, con microorganismos a los que no estarían expuestos en caso de quedarse en casa. Aunque, en principio, esto no supone un problema, aumenta la posibilidad de que el niño se contagie. Nos habéis preguntado si esta exposición a virus y bacterias hará que su sistema inmunitario "se fortalezca" y que, al crecer, sea más difícil que enferme.
Estos niños se encuentran en contacto estrecho con otros niños, en ocasiones, también enfermos. En un espacio cerrado, a veces poco ventilado, la trasmisión de gérmenes es mayor y, por tanto, las infecciones y los procesos febriles", plantea a Maldita Ciencia Matilde Zornoza, pediatra y maldita que nos ha prestado sus superpoderes. "A todo esto hay que sumar que es fácil que compartan fluidos, ya que son niños pequeños: babean, chupan las cosas y, sin darse cuenta, comparten utensilios como chupetes, biberones o cubiertos", añade.
Un niño comienza a desarrollar su sistema inmunitario al nacer y, durante los primeros meses, aún mantiene anticuerpos maternos transferidos a través de la placenta, el canal del parto y la leche materna. "Es posteriormente cuando, tras la exposición a patógenos, su sistema inmunitario se va a ir activando: se pone en marcha, aprende y recuerda la previa exposición", explican a Maldita Ciencia África González y Carmen Cámara, presidenta y secretaria de la Sociedad Española de Inmunología (SEI) respectivamente. "En etapas tempranas, el sistema inmunitario está aún inmaduro, por lo que es más frecuente que se infecte al estar en contacto con un agente infeccioso", añaden.
La consecuencia de esta nueva situación de socialización y exposición temprana a los agentes infecciosos, según confirma en este artículo la Asociación Española de Pediatría (AEP), se traduce en repetidos episodios de resfriados, gastroenteritis, infecciones de la piel, conjuntivitis... Y muchos de ellos con fiebre. "El inicio precoz de la escolarización se asocia con un aumento de infecciones, sobre todo en niños que acuden a la guardería", confirma a Maldita Ciencia María García-Onieva, secretaria general de la AEP. "Si esta se retrasa a la edad escolar, las infecciones aparecerán en este periodo", alega.
Según las conclusiones de este estudio, publicado en la revista Pedriatrics en 2016, es más probable que los niños que van a la escuela infantil enfermen de gastroenteritis aguda antes del primer año. Sin embargo, "la protección contra esta enfermedad persiste, al menos, hasta los 6 años", destacan los autores.
Este otro estudio, publicado en Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine en 2002, concluye que, mientras que asistir a la escuela infantil se asocia con un mayor número de resfriados durante el primer año, también lo hace con un menor número de casos durante los primeros años de colegio (hasta los 13 años), "presumiblemente a través de la inmunidad adquirida", barajan los autores.
Y hay más investigaciones en la misma línea. Este estudio, publicado en Acta Pediatrica en 2007; este otro, publicado en 2010 en JAMA Pediatrics y este, publicado en 2014 en BMC Medicine muestran conclusiones similares coincidiendo en que, en general, cuanto antes comience el periodo de escuela infantil, mayor protección de cara a las enfermedades citadas.
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La AEP hace hincapié en la dificultad que supone detectar un tipo concreto de las infecciones a las que se pueden exponer los pequeños al acudir a la escuela infantil: las de las vías respiratorias. Esto se debe a que, al presentar síntomas tardíos, muchas de ellas se transmiten entre niños y mayores antes de ser incluso detectadas.
Según García-Onieva, en determinados grupos (como lactantes muy pequeños, con antecedentes de prematuridad o con enfermedades crónicas), las enfermedades descritas podrían tener peores consecuencias, tanto para la salud como en cuanto a los costes económicos directos e indirectos.
Para prevenir las posibles infecciones, la AEP recomienda la vacunación correcta de los niños y los adultos cuidadores. Además, incide en la importancia del lavado de manos y en acordar lugares y procedimientos claros sobre dónde y cómo cambiar a los niños y preparar sus alimentos. Asimismo, los juguetes de uso común deben lavarse a menudo y los paños de cocina y toallas, a diario.
Para prevenir contagios innecesarios, lo mejor es conocer con qué enfermedades los niños no deben acudir al centro escolar, sobre las que escribe Zornoza aquí.

Vía: Maldita Ciencia

Amarantha Vázquez domingo, 26 de enero de 2020
UNAM alerta sobre los ‘hiperpadres’, una dañina forma de crianza de los hijos

De acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), existe una forma de ejercer la paternidad y la maternidad perjudicial para los hijos. Los ‘hiperpadres’ presionan a los niños para que realicen múltiples actividades, además de sobreprotegerlos.

Como consecuencia de esta crianza, los hijos crecen y se convierten en adultos inseguros con tales niveles de autoexigencia que les impiden desarrollarse en los ámbitos sociales y afectivos, señaló Mariana Gutiérrez Lara, académica de la Facultad de Psicología.
“A los padres autoexigentes y mandones les viene bien un niño con quien puedan hacer su voluntad a plenitud. Lo llevan a variadas actividades para que aprendan de todo, sin darse cuenta que esta situación no solo tiene consecuencias para el pequeño, sino para ellos mismos, porque nunca será suficiente”, detalló Gutiérrez Lara a El Universal.
El razonamiento de los hiperpadres es que entre más actividades hagan los menores, mejor preparados estarán para la vida. Lo cual, en principio, es cierto; sin embargo un exceso puede ser disfuncional.

Con información de El Universal

Educación Preescolar sábado, 30 de noviembre de 2019
Diabetes gestacional y embarazo

La diabetes gestacional es un tipo de diabetes que aparece por primera vez durante el embarazo en mujeres embarazadas que nunca antes padecieron esta enfermedad. En algunas mujeres, la diabetes gestacional puede afectarles en más de un embarazo. La diabetes gestacional por lo general aparece a la mitad del embarazo. Los médicos suelen realizar estudios entre las 24 y 28 semanas del embarazo.
La diabetes gestacional se puede controlar a menudo con una alimentación saludable y ejercicio regular, pero algunas veces la madre también necesitará insulina.

Problemas de la diabetes gestacional en el embarazo

El azúcar de la sangre que no está bien controlado en la diabetes gestacional puede llevar a problemas en la madre y su bebé:
Un bebé demasiado grande
La diabetes que no se controla bien causa un aumento en el azúcar de la sangre del bebé. El bebé está “sobrealimentado” y crece demasiado. Además de causar incomodidades a la madre en los últimos meses del embarazo, un bebé extra grande puede originar problemas durante el parto tanto para ella como para él. Puede que la madre necesite una cesárea para poder dar a luz. El bebé puede nacer con daño en los nervios debido a la presión en los hombros durante el parto.
Cesárea
La cesárea es una operación para sacar al bebé a través del vientre de la madre. Una mujer con diabetes mal controlada tiene una probabilidad más alta de requerir una cesárea. Cuando el bebé nace por cesárea, a la madre le toma más tiempo recuperarse del parto.
Presión arterial alta (preeclampsia)
Cuando una mujer embarazada presenta presión arterial alta, proteína en la orina y una inflamación frecuente en los dedos de las manos y los pies que no se alivia, puede ser que tenga preeclampsia. Este es un problema grave que amerita ser vigilado muy de cerca por el médico. La presión arterial alta puede causar daños tanto a la madre como a su bebé en gestación. Puede provocar un nacimiento prematuro del bebé y también convulsiones o accidentes cerebrovasculares (un coágulo sanguíneo o sangrado en el cerebro con posible daño cerebral) en la mujer durante el trabajo de parto y el alumbramiento. Las mujeres con diabetes tienen presión arterial alta con más frecuencia que las mujeres que no la tienen.
Bajo nivel de azúcar en la sangre (hipoglucemia)
Las personas con diabetes que toman insulina u otros medicamentos para la diabetes puede que sufran una baja en su nivel de azúcar en la sangre. El bajo nivel de azúcar en la sangre puede ser grave y hasta mortal si no se atiende rápidamente. Las mujeres pueden evitar una disminución peligrosa de su azúcar en la sangre si vigilan cuidadosamente sus niveles y se tratan en forma oportuna.
Si la madre no se ha controlado su diabetes durante el embarazo, puede que los niveles de azúcar en la sangre del bebé disminuyan rápidamente después de que nace. Los niveles de azúcar del bebé se deberán mantener bajo observación durante varias horas después de su nacimiento.

5 consejos para las mujeres con diabetes gestacional

  • Coma alimentos saludables
Coma alimentos saludables incluidos en un plan de comidas para personas con diabetes. Un nutricionista puede ayudarle a crear un plan de comidas saludable y enseñarle a controlar su azúcar en la sangre durante el embarazo.
  • Haga ejercicio con regularidad: 
El ejercicio es otra manera de controlar el azúcar en la sangre, ya que ayuda a nivelar el consumo de alimentos. Después de consultar a su médico, puede realizar ejercicio de manera regular durante y después del embarazo. Procure hacer un mínimo de 30 minutos de actividad física, de moderada a intensa, al menos cinco días a la semana. Esto puede ser caminar a paso rápido, nadar o jugar activamente con los niños.
  • Controlar con frecuencia el azúcar en la sangre
Dado que el embarazo produce cambios en las necesidades de energía del cuerpo, los niveles de azúcar en la sangre pueden cambiar muy rápido. Revise su azúcar en la sangre a menudo, como se lo indique su médico.
  • Tome insulina, si la necesita
Algunas veces las mujeres con diabetes gestacional necesitan tomar insulina. Si su médico le prescribe insulina, utilícela como se lo indica para controlar su azúcar en la sangre.
  • Hágase un examen de diabetes después del embarazo
Hágase un examen de diabetes entre las 6 y 12 semanas después de que nazca su bebé y luego cada 1 a 3 años.
En la mayoría de las mujeres con diabetes gestacional, la diabetes desaparece después del parto. Cuando esta no desaparece, entonces se le llama diabetes tipo 2. Aún cuando la diabetes desaparezca después de que nace el bebé, la mitad de las mujeres que han tenido diabetes gestacional padecerán diabetes tipo 2. Es importante que una mujer que haya tenido diabetes gestacional continúe haciendo ejercicio y manteniendo una alimentación saludable después del embarazo para prevenir o retrasar la diabetes tipo 2. También debe recordarle al médico que le revise su azúcar en la sangre cada 1 a 3 años.

Información adicional

Diabetes gestacional y embarazo clic aquí y descarga el PF






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Amarantha Vázquez domingo, 27 de octubre de 2019