Si hay algo de lo que podemos estar seguros si decidimos llevar a los pequeños de la casa a la escuela infantil es que estarán en contacto con otros niños y objetos y, por lo tanto, con microorganismos a los que no estarían expuestos en caso de quedarse en casa. Aunque, en principio, esto no supone un problema, aumenta la posibilidad de que el niño se contagie. Nos habéis preguntado si esta exposición a virus y bacterias hará que su sistema inmunitario "se fortalezca" y que, al crecer, sea más difícil que enferme.
Estos niños se encuentran en contacto estrecho con otros niños, en ocasiones, también enfermos. En un espacio cerrado, a veces poco ventilado, la trasmisión de gérmenes es mayor y, por tanto, las infecciones y los procesos febriles", plantea a Maldita Ciencia Matilde Zornoza, pediatra y maldita que nos ha prestado sus superpoderes. "A todo esto hay que sumar que es fácil que compartan fluidos, ya que son niños pequeños: babean, chupan las cosas y, sin darse cuenta, comparten utensilios como chupetes, biberones o cubiertos", añade.
Un niño comienza a desarrollar su sistema inmunitario al nacer y, durante los primeros meses, aún mantiene anticuerpos maternos transferidos a través de la placenta, el canal del parto y la leche materna. "Es posteriormente cuando, tras la exposición a patógenos, su sistema inmunitario se va a ir activando: se pone en marcha, aprende y recuerda la previa exposición", explican a Maldita Ciencia África González y Carmen Cámara, presidenta y secretaria de la Sociedad Española de Inmunología (SEI) respectivamente. "En etapas tempranas, el sistema inmunitario está aún inmaduro, por lo que es más frecuente que se infecte al estar en contacto con un agente infeccioso", añaden.
La consecuencia de esta nueva situación de socialización y exposición temprana a los agentes infecciosos, según confirma en este artículo la Asociación Española de Pediatría (AEP), se traduce en repetidos episodios de resfriados, gastroenteritis, infecciones de la piel, conjuntivitis... Y muchos de ellos con fiebre. "El inicio precoz de la escolarización se asocia con un aumento de infecciones, sobre todo en niños que acuden a la guardería", confirma a Maldita Ciencia María García-Onieva, secretaria general de la AEP. "Si esta se retrasa a la edad escolar, las infecciones aparecerán en este periodo", alega.
Según las conclusiones de este estudio, publicado en la revista Pedriatrics en 2016, es más probable que los niños que van a la escuela infantil enfermen de gastroenteritis aguda antes del primer año. Sin embargo, "la protección contra esta enfermedad persiste, al menos, hasta los 6 años", destacan los autores.
Este otro estudio, publicado en Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine en 2002, concluye que, mientras que asistir a la escuela infantil se asocia con un mayor número de resfriados durante el primer año, también lo hace con un menor número de casos durante los primeros años de colegio (hasta los 13 años), "presumiblemente a través de la inmunidad adquirida", barajan los autores.
Y hay más investigaciones en la misma línea. Este estudio, publicado en Acta Pediatrica en 2007; este otro, publicado en 2010 en JAMA Pediatrics y este, publicado en 2014 en BMC Medicine muestran conclusiones similares coincidiendo en que, en general, cuanto antes comience el periodo de escuela infantil, mayor protección de cara a las enfermedades citadas.
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La AEP hace hincapié en la dificultad que supone detectar un tipo concreto de las infecciones a las que se pueden exponer los pequeños al acudir a la escuela infantil: las de las vías respiratorias. Esto se debe a que, al presentar síntomas tardíos, muchas de ellas se transmiten entre niños y mayores antes de ser incluso detectadas.
Según García-Onieva, en determinados grupos (como lactantes muy pequeños, con antecedentes de prematuridad o con enfermedades crónicas), las enfermedades descritas podrían tener peores consecuencias, tanto para la salud como en cuanto a los costes económicos directos e indirectos.
Para prevenir las posibles infecciones, la AEP recomienda la vacunación correcta de los niños y los adultos cuidadores. Además, incide en la importancia del lavado de manos y en acordar lugares y procedimientos claros sobre dónde y cómo cambiar a los niños y preparar sus alimentos. Asimismo, los juguetes de uso común deben lavarse a menudo y los paños de cocina y toallas, a diario.
Para prevenir contagios innecesarios, lo mejor es conocer con qué enfermedades los niños no deben acudir al centro escolar, sobre las que escribe Zornoza aquí.

Vía: Maldita Ciencia